EL PAIS/03/2026
Hasta hace 20 años, la enfermedad del sueño se trataba con inyecciones de un derivado de arsénico y al menos uno de cada 20 pacientes moría por los efectos secundarios. Además, en los países africanos en los que esta dolencia es endémica, quienes la padecían eran considerados locos o brujos por los cambios de personalidad, la agresividad, los temblores y trastornos en el sueño que sufrían.
“Claramente, esta enfermedad ha sido un símbolo de las dolencias olvidadas”, lamenta Luis Pizarro, director ejecutivo de la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Desatendidas (DNDi, por sus siglas en inglés), una organización sin ánimo de lucro que desde hace más de 20 años desarrolla fármacos para prevenir, tratar y curar estas dolencias que no son prioritarias ni para la comunidad científica ni para la industria farmacéutica, aunque afectan a 1.000 millones de personas en todo el mundo, la mayoría en países del Sur Global.
La enfermedad del sueño o la tripanosomiasis humana africana, transmitida por algunas moscas tsetsé infectadas con parásitos, es endémica en África subsahariana y sin tratamiento puede ser letal. Su forma más común, la gambiense, se encuentra en 24 países africanos como la RDC, Angola, Chad, Congo, Sudán del Sur o República Centroafricana, y representa el 92% de los casos notificados. Una persona puede pasar meses o incluso años infectada sin presentar síntomas, pero cuando se manifiestan, la enfermedad puede estar ya en un estado avanzado y haber pasado al sistema nervioso central.
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