Una alianza entre DNDi y diversas instituciones se centra en estudiar compuestos naturales de los biomas del Amazonas, el Cerrado, la Caatinga y la Mata Atlántica para desarrollar alternativas terapéuticas contra esta enfermedad.
La riqueza de la biodiversidad brasileña podría contribuir al desarrollo de nuevos tratamientos para la enfermedad de Chagas. Una alianza entre la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, por sus siglas en inglés), el Centro Nacional de Investigación en Energía y Materiales (CNPEM), el Centro de Investigación e Innovación en Biodiversidad y Medicamentos de la Universidad de São Paulo (CEINFAR-USP), Phytobios y Embrapii investiga compuestos naturales presentes en plantas de diferentes biomas en Brasil en busca de nuevas moléculas capaces de combatir el Trypanosoma cruzi, el parásito causante de la enfermedad.
Esta iniciativa combina tecnologías avanzadas de descubrimiento de fármacos con la diversidad química de la flora brasileña para acelerar la identificación de candidatos prometedores para nuevos medicamentos contra una enfermedad que aún afecta a aproximadamente 7,5 millones de personas en América. “Brasil alberga la mayor biodiversidad del planeta, pero aún sabemos muy poco sobre las moléculas presentes en nuestras plantas. Al mismo tiempo, más de la mitad de los medicamentos desarrollados en el mundo provienen de productos naturales. Esto demuestra el enorme potencial de nuestra biodiversidad para impulsar la innovación en nuevos fármacos”, afirma la Dra. Daniela Trivella, jefa de la División de Descubrimiento de Fármacos del CNPEM.
El proyecto utilizará la biblioteca MPH (Molecular Power House), desarrollada por el CNPEM y Phytobios, compuesta por 615 extractos de plantas de los biomas Amazonía, Cerrado, Caatinga y Bosque Atlántico. “La mayoría de las muestras provienen de la Amazonía, un bioma amenazado, rico en biodiversidad y con organismos que no existen en ningún otro lugar del mundo. Por lo tanto, es un bioma cuyas moléculas necesitan ser inventariadas y estudiadas desde un punto de vista farmacológico”, añade la Dra. Trivella.
Los extractos naturales se evaluarán mediante ensayos fenotípicos desarrollados por CEINFAR-USP, capaces de medir la potencia antiparasitaria, la citotoxicidad y la eficacia contra T. cruzi. El cribado se realizará en plataformas de alta tecnología e integrará procesos como espectrometría de masas, cristalografía de proteínas y herramientas de análisis computacional desarrolladas por CNPEM.
Los tratamientos actuales tienen limitaciones
Actualmente se utilizan dos medicamentos para tratar la enfermedad de Chagas: benznidazol y nifurtimox. Si bien son fundamentales, ambos tienen limitaciones importantes, especialmente para los pacientes en la fase crónica de la enfermedad. “Estos medicamentos se desarrollaron hace décadas y, además de sus limitaciones, se asocian con efectos adversos gastrointestinales y neurológicos, alergias y otras reacciones. Sin mencionar que se trata de un tratamiento muy prolongado, de unos 60 días, lo que compromete la adherencia”, explica Jean-Robert Ioset, director de Descubrimiento de Fármacos de DNDi.
Ciencia colaborativa para acelerar la innovación
Según Ioset, el factor diferenciador de esta alianza es el fortalecimiento de los modelos colaborativos de innovación en salud, que reúnen a instituciones públicas, organizaciones sin fines de lucro y empresas de base científica en torno a un objetivo común: ampliar las opciones terapéuticas para los pacientes con enfermedad de Chagas. “Desarrollar un fármaco es un proceso largo y extremadamente complejo. No puede ser llevado a cabo por una sola persona en un laboratorio. Este proyecto requiere la colaboración de botánicos, especialistas en productos naturales, químicos, parasitólogos y muchos otros profesionales. Cada etapa exige conocimientos muy específicos. Por eso valoramos tanto este modelo de colaboración”.
La selección de compuestos representa solo el inicio de un proceso que puede durar entre 15 y 20 años hasta la aprobación de un tratamiento. En esta primera fase, los investigadores caracterizarán la estructura química de las moléculas identificadas, evaluarán su actividad contra T. cruzi y seleccionarán los compuestos con mayor potencial para avanzar a las siguientes etapas de desarrollo.
“Es un proceso largo que requiere años de trabajo. Pero hay que empezar por algún lado, y ese comienzo es precisamente el descubrimiento de una nueva molécula. Esperamos que este proyecto revele nuevos compuestos capaces de dar lugar a futuros tratamientos para la enfermedad de Chagas”, recalca Ioset.